Para lo que sirve un Día Internacional del Jazz

Una apelación jazzística y filosófica a la inutilidad quintaesencial del género musical


El presidente del Herbie Hancock Institute of Jazz arenga a las masas
(imagen promocional)



Lo confieso: soy adicto al Día Internacional de Jazz ¿Por qué?, no lo sé. Uno es del Día Internacional del Jazz como es del Atleti, no tiene explicación: un vicio como otro cualquiera. Más, si se tiene en cuenta que mi interés por el Día Internacional del Jazz es cero. Vamos, que me importa un bledo. Algunos no lo comprenden.

- Entonces, ¿para qué lo ves?

- Tú no entiendes.

En Brasil, no sé en otras partes del mundo, tenemos el Día de la Suegra, que se conmemora el 29 de abril. Herbie Hancock, en su introito al evento en ésta, su duodécima edición, cuenta que el Día Internacional del Jazz empezó celebrándose el 29 y no el 30, como sucede ahora, con lo que durante un tiempo coincidieron ambos días internacionales, del jazz y de la suegra, solo que a las suegras no les gusta el jazz, es una de sus características, “¿a Vd. le gusta el jazz?, entonces nunca será suegra”. El problema viene cuando uno descubre que a su hija tampoco le gusta el jazz, y acaba yéndose al concierto de Coldplay con el primero que pasa, y todo menos eso.

Resumiendo, que uno se enchufa al Día del Jazz como Sabina al “Big Brother”, para protestar. Lo da la raza, o el aburrimiento, qué se yo. Por lo mismo, uno va al campo para ver cómo pierde el equipo de sus amores contra el Betis por 2 a 1 y preguntarse por qué Simeone no sacó antes a Griezmann. No hay quien lo entienda.

O sea, que están las suegras escuchando a Coldplay con sus hijas y las nuevas parejas de estas, por un lado, y los aficionados al jazz asistiendo a los fastos del Día Internacional de la Cosa, por el otro. Lo bueno, que uno puede darse el gusto sin necesidad de aflojar la mosca, en su casita, en su chaise longue, tan ricamente.



Los presidentes se juntan

Como todo en esta vida, el Día Internacional del Jazz tiene su ceremonia, su prefacio a modo de declaración de intenciones; su desarrollo - lo que llamaríamos el plato principal - y su epílogo, café, copa y puro no incluidos. Por lo que toca a la edición del año en curso, celebrada el domingo, 30 de abril, el suso prefacio/preámbulo consistió en un ménage à deux presidencial, el ex presidente de los EEUU, Bill Clinton, por un lado, y el Presidente de la Junta de Gobierno del Herbie Hancock Institute of Jazz, antes conocido como Thelonious Monk Institute of Jazz, por el otro (1). La imagen resulta de lo más enternecedora: Clinton mirando fijamente el suelo de baldosas no sé si amarillas buscando el botón de la camisa que se le cayó anteayer, su interlocutor repasando mentalmente el manual “101 frases inteligentes para cuando no se sabe qué preguntar”, y así, durante 40.41 minutos. En el zurrón, un amplio surtido de observaciones llenas de mérito y perspicacia en torno al jazz y su circunstancia, y por qué Igor Butman es uno de los mejores saxofonistas del mundo siendo ruso.

Es muy de admirar el empeño de ambos próceres en transmitir al espectador un mensaje edificante de paz y amor, viva la gente, la hay donde quiera que vas.El jazz”, nos cuentan, “es una cuestión de creatividad, diálogo y tolerancia más allá de las diferencias”, lo que sirve para una cosa y su contraria, Robespierre - Desmoulins y Recep Tayyip Erdoğan (a las pruebas me remito) y el príncipe Charles en el día de su coronación, solo que el músico de jazz es republicano, ateo y sentimental.

El jazz”, remacha Audrey Azoulay desde su refugio a prueba de bombas en el Cuartel General de la Unesco, en París (discurso descargable en PDF), “rompe barreras y crea oportunidades para la comprensión mutua y la tolerancia; simboliza la unidad y la paz; reduce las tensiones entre los individuos, los grupos y las comunidades”. Total, que entre la una y los otros, uno no entiende a qué están esperando para enviar a Esperanza Spalding a Ucrania en misión especial. En 2 minutos, el asunto está visto para sentencia ¿Exagerado? Lean lo que dice el trompetista Terence Blanchard al respective:

Es solo una cuestión de tiempo que países como Siria, Irán y otros puedan absorber y ser liberados por esta música, y nosotros saldremos ganando de su lucha”.

Con lo que se demuestra que la Esperanza es lo último que se pierde.


Nelida Karr

Feria de muestras

Como novedad, este año los organizadores decidieron sustituir la gala all star que veníase celebrando con gran aparato y despliegue de medios por una selección de vídeo clips grabados aquí y allá, pero más aquí que allá (2). Con esto, que lo que perdimos en glamour lo ganamos en variedad, o en globalidad, o en alguna otra cosa por el estilo que ahora no se me viene. El asunto viene a ser como una feria de muestras o una colección de tarjetas postales en technicolor. Uno abre el precinto y encuentra de todo para (casi) todos los gustos, desde una orquesta china tocando “Fascinating Rhythm” a un dúo instrumental cómico-musical vienés (lo que está próximo a constituir una contradictio in terminis) o un encuentro en medio del camino de ninguna parte entre un clarinetista israelí -Oran Etkin- y un intérprete de mbira zimbabuense - Musekiwa Chingodza - acompañados por un pequeño ejército de locos bajitos dando la tabarra según es costumbre en los tales. Por nacionalidad, son mayoría los vídeos grabados en los EEUU (9 sobre un total de 16) y/o protagonizados por artistas de ese país (7). Dominan las/os/es cantoras/es/es (Somi, Cyrille Aimée, Dee Dee Bridgewater, Thandi Ntulli, Dianne Reeves, Kurt Elling) y el material standard tanto clásico como contemporáneo, en versiones, casi todas, reconocibles. Cantoras aparte, el mujerío está representado por el septeto multi/afro-nacional que lidera la ecuatoguineana Nelida Karr (“Bull Door”, el título levemente perturbador de la pieza). No es mucho teniendo en cuenta las seculares carencias del ecosistema jazzístico.

Predomina el continente – el buenrollismo- sobre el contenido; los valores eternos sobre la búsqueda de vias alternativas; el tono sutilmente paternalista en el tratamiento del jazz “de fuera” (dícese por los artistas no americanos/no residentes en los Estados Unidos) en un intento de perpetuar la imagen del jazz Uno, Grande y Libre, allá donde las “diferencias regionales” no contradicen sino confirman la unidad indisoluble de la nación (3). Que no se haya incluido ningún representante de las regiones en conflicto (Ucrania, Siria, Sudán, Palestina, Haití, etc) confirma lo que ya presentíamos: una cosa son los dichos y otra muy distinta, los hechos.

Dos aportaciones a destacar:

1 – La pintoresca representación brasileña, segunda en número de participantes tras los EU, con Sérgio Mendes desde Honolulu, y Hyun Kyung Noh, alias Yumi Park, encarnando a la nueva Garota de Ipanema global.

2 - La actuación cargada de belleza y dramatismo del cuarteto del contrabajista beirutí Makram Aboul Hosn sobre fondo de maternidad asaeteada por los impactos de los proyectiles lanzados en uno de los tantos conflictos que ensombrecen el normal manejarse de los moradores de la que un día fue el París de Oriente Medio. “Three four five”, una pequeña, delicada chef d´oeuvre, es la respuesta si el lector se pregunta para qué sirve el jazz, si es que sirve para algo. Pero no adelantemos acontecimientos.


Makram Aboul Hosn


Vinieron las lluvias

La cosa, que un día, alguien tuvo la brillante idea de instaurar un Día Internacional del Jazz, y el asunto funcionó mientras fue novedad, y en Madrid, y en Barcelona, y en algún sitio más, se reunieron los viejos del lugar para hacerse una bonita foto de recuerdo, felices porque, finalmente, alguien se acordaba de ellos. Y así, hasta que brotaron las primeras críticas a una iniciativa cargada de retórica y vacía de músculo, de chicha, y los oropeles, y las risas, y todo cuanto las/los rodeaba, comenzó a angostarse por falta de riego.

Michelle Mercer, apasionada por el jazz, en general, y por Wayne Shorter, en particular (4) - estaba en Estambul el 30 de abril de 2022: “los discursos en Turquía ensalzaban el “mensaje de diálogo y libertad” del jazz si bien ni el diálogo ni la libertad están entre las prioridades en la agenda del gobierno turco (…) apenas unas semanas más tarde, un grupo de pacíficos manifestantes fue gaseado y sus integrantes golpeados y, en última instancia, asesinados” (5).

Llevada por su instinto periodístico, Mercer va a realizar una encuesta entre los asistentes a la gala, una vez finalizada la misma. Ninguno de ellos escucha jazz ni tiene un particular interés por el tema. Dicho en plata, están por los canapés.

Esperanza Spalding también estaba en Estambul y, como Mercer, salió del evento con más preguntas que respuestas: “tanto dinero gastado en este evento, tanta gente hermosa, poderosa y creativa reunida en un mismo lugaral final, ¿a qué contribuimos realmente?” (6)

La propia Michelle Mercer le responde: si tú no formas parte del mundo del jazz puede que ni siquiera hayas oído hablar del Día Internacional del Jazz, y si has oído, puedes no estar seguro acerca de cual es su finalidad exactamente”. En otras palabras, el Día internacional del Jazz sirve para celebrar el Día Internacional del Jazz.

Punto y aparte.



Jazz viene de to jass

Jazz. Voz inglesa (pron. [yás]), que designa el género musical de origen afronorteamericano caracterizado por los ritmos sincopados y la improvisación. Por tratarse de un extranjerismo crudo, debe escribirse con resalte tipográfico.

Diccionario panhispánico de dudas 2005

Uno puede deducir que fueron las críticas como las arriba mencionadas, o un ajuste presupuestario de última hora, o ambas circunstancias juntas, lo que indujo a prescindir de la actividad que constituía la seña de identidad del Día Internacional del Jazz. Imposible tener ninguna certeza a este respecto (la transparencia no es el fuerte del Herbie Hancock Institute of Jazz, antes conocido como Thelonious Monk Institute of Jazz).

Buscando una explicación al enigma, acudo a los habitualmente inspiradores comentarios de los espectadores en FB y demás, habla, pueblo, habla, habla sin temor, solo que el pueblo soberano, este año, decidió que tenía cosas mejores que hacer. Los comentarios, los likes, aún habiéndolos, son menos comparando con anteriores ediciones, y no se ve en los mismos un entusiasmo desbordado. Lo mismo por lo que toca a las programaciones de conciertos conmemorativos en los diferentes países (nombres de escaso relieve, programaciones oportunistas). No hay que ser un lince para detectar un desencanto en la afición una vez la novedad dejó de serlo, “todo esto, el boato, los buenos propósitos, ¿para qué?” Se lo preguntaba Esperanza Spalding a la puerta del Harbiye Cemil Topuzlu Open-Air Theatre, en Estambul, y nos lo preguntamos unos cuantos que, como ella, no acabamos de cogerle el chiste al asunto. A fin de cuentas hemos sobrevivido hasta ahora sin un Día Internacional del Jazz y ni falta que nos hacía. Para mí que la cosa va por otro lado y tiene que ver con un cambio de paradigma, por utilizar un término al uso, el cual determina el modo en que el jazz es ejecutado, vendido y consumido. Al final, todo es nuevo y lo mismo en el jazz del Siglo XXI, como en Lampedusa.

Antiguamente, el jazz se constituía en torno al ir y venir de los hechos fugaces, la forma en que las notas se mueven a través del tiempo y el espacio, algo que los músicos denominaban swing

Ben Sidran (7)

El aficionado va a escuchar a Marco Mezquida, o a Moisés Pepunto Sánchez, y va a escucharles a ellos independientemente de lo que hagan y cual sea su propuesta. Por lo mismo, quién hoy escucha a los susodichos, mañana estará en el Auditorio con Jordi Savall y pasado en el pabellón Wiki-Wiki comiendo del bizcochito de Rosalía, ¿y por qué no? La diversidad – la equidistancia - define al succionador cultural del Nuevo Normal, la cosa del regocifle sin complejos, por qué privarse de nada cuando se puede tener todo a un golpe de clic. Todo esto que digo y redigo a la que puedo y me dejan, me ha servido de inspiración para escribir un libro (no existe nada que se llame “jazz”, el jazz es el músico de jazz, mi tesis) (8). Y lo que pasa, que no existiendo nada que se llame jazz, existe, sin embargo, la necesidad de definir lo que es el jazz. “Jazz es Miles Davis comiendo un sandwich por la mañana en una cafetería de la Gran Vía” (Sidran), solo que Miles falleció hace 32 años (!32 años ya !) y los sandwich de la Gran Vía ya no son lo que eran (la Gran Vía tampoco).

A Vd., lector, y a mí, nos puede importar poco si lo que escuchamos es jazz o música upopo típica de algunas regiones remotas y semi salvajes del Norte de Japón, solo que hay quien necesita tener las ideas claras y una etiquetadora a mano, por lo que pueda pasar. Definir lo que es jazz es útil y hasta necesario si uno está al mando de la organización del Día Internacional del Jazz, o sufre un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) o posee un comercio de discos. Una sociedad ferozmente mercantilizada como la nuestra exige claridad a la hora de colocar el género en el estante correspondiente empezando por el concepto, la idea, el diēbus illis, en latín, que queda más fino; las cosas claras y los pepinillos en vinagre en bote de vidrio translúcido para que no haya dudas ni posibilidad de error. Un aficionado que acude a un festival de Neoperreo Gótico Alternativo con La Favi, La Zowi, Las Culisueltas... sabe lo que va a escuchar y a qué escenario acudir; lo mismo quién asiste a un concierto de Sondra Radvanovsky interpretando los greatest hits del repertorio belcantista. Pero ¿y el jazz? ¿qué es “jazz”? Charlie Mariano (y si no fue él, se le parecía) me vino con una definición que me parece irreprochable:

Jazz es lo que a mí me da la gana que sea jazz”.

Una forma de decir: el jazz soy yo/no existe nada que se llame jazz. O sí. El jazz, nos vienen a decir Clinton/Hancock/Azoulay, es espontaneidad, improvisación (improvisación viene de imprevisto, de no previsto), cuerpo a cuerpo y verso a verso, lo que se aviene al flujo dinámico subjetivo e irracional “bergsoniano” (de Henri Bergson) como anillo al dedo, y dejaría fuera la mitad de los vídeos incluidos en el Día de la Cosa. De ahí la tendencia bienintencionada pero escasamente práctica de poetizar lo que no deja de ser una carencia, el jazz como realidad movediza, territorio de frontera, cenagal escurridizo (aquí Bauman), cajón de sastre donde lo excepcional es norma y la norma, simplemente, no existe. Y de esos marasmos, estas incertidumbres.

Acaso - un suponer – la falta de entusiasmo hacia una iniciativa nacida para unir a los dispersos y motivar al personal por encima de las diferencias, tenga que ver con la falta de definición del objeto social, lo que constituye su raison d'être. Yendo a Hegel, diríamos que, para hablar de “jazz”, debe existir previamente algo llamado “jazz”. Yendo a Cantinflas, diríamos: “ahí está el detalle” (véase el film homónimo) (9).

Entonces, que conmemorar un Día Internacional de algo que no se sabe muy bien lo que es viene a ser como celebrar un ectoplasma, muera el “Día Internacional del Jazz”, viva el “Día Internacional de ¿Qué?” (posiblemente, supuestamente, acaso, quizás, ya veremos…)


Recapitulando.

Hay algo – un género musical - que existe, algunos lo llaman jazz, algunos confían en su poder como panacea universal para resolver conflictos y establecer la paz mundial. Algunos, por el contrario, opinamos que el jazz no sirve para nada práctico (Bergson – hay que saber leerle - nos enseña que el jazz no es nada, y esa es razón su principal virtud). “Tocar jazz es sin duda una experiencia profundamente liberadora para los músicos”, escribe nuestra amiga Michelle, pero una cosa es eso y otra extrapolar “la experiencia de interpretar jazz a su impacto en el mundo”, como si la música por sí misma pudiera “de alguna manera corregir la injusticia y apaciguar el conflicto político”. Uno puede optar entre tocar el saxofón en un club de jazz o robar el micrófono en una convención de terraplanistas. Coldplay, vuelvo a ellos, llevan más seguidores en una noche que la mayoría de los músicos de jazz en una vida. Será por eso que asistir a un concierto de Coldplay es como ir a misa o escuchar a Bill Clinton y Herbie Hancock charloteando sobre la tarea mesiánica que le cumple al género en el momento de menor popularidad de su historia.

El jazz no es la música adecuada para el presente”(Carla Bley).

El jazz no ofrece respuestas” (Carla Bley, de nuevo), Coldplay sí las ofrece.

O bien,

El jazz puede ayudar a romper barreras y fomentar el espíritu crítico” (Nando Cruz) (10)

El jazz puede llegar a todo el mundo (Helena Camps) (11)

O bien,

El jazz influye en la sociedad en una escala microscópica” (servidor)

A algunos, el jazz ha dado un sentido a nuestra vida” (idem.)

Uno, modestamente, piensa que, a lo mejor, acaso, quizás, posiblemente... ha llegado el momento de plegar velas y volver a las catacumbas de donde, hay quien opina, nunca deberíamos haber salido.


Sencillamente adorables 
(Coldplay, imagen de promoción)


Isn´t they lovely?

Porque donde menos te lo esperas salta la liebre, sorprendo a mis vecinas de mesa conversando animadamente sobre el último concierto de Coldplay en Rio. Una estuvo, la otra se lo perdió.

- “Desde aquella noche soy otra”, dice la una. “Fíjate si soy otra que ahora llevo esta flor en el pelo”.

- “Qué suerte tienes, chica”, le responde su amiga carcomida de envidia y sin flor en el pelo.

Estoy a punto de preguntarles qué tiene que ver la música de Chris Martin & co. con el floripondio, pero me contengo.


Despedida y cierre: si quieres un cambio, mueve el culo.

Toda trasformación empieza por una mariposa moviendo las alas en Hong Kong, una flor en el pelo, un libro que alguien escribió hace cuatrocientos dieciocho años y hoy sigue conmoviendo al lector; un maestrillo subido al estrado desentrañando los arcanos del género en una esquina remota del barrio de Sant Andreu, en Barcelona (12). En 2023, las revoluciones se hacen de a poquitos, verso a verso.


Epílogo

Y. aún así, aquí estaré, mismo lugar, misma hora, acompañando un acontecimiento que me importa un pimiento, y el Atleti volverá a quedarse en cuartos de la Eurocopa. Pero en algo hay que entretenerse.


CGM


Notas

(1) Tras una meticulosa investigación, el arriba firmante pudo localizar el local donde tuvo lugar el encuentro presidencial, del cual no se ofrece dato alguno en lugar alguno. Trátase del drawing room del Meridian International Center en Washington DC., antigua residencia del embajador de los Estados Unidos en España durante la Segunda República. Dicha sala es utilizada actualmente como comedor para invitados. Por si el lector está interesado, el Meridian International Center está disponible para bodas, bautizos y comuniones (www.weddingwire.com).

(2) En https://www.youtube.com/watch?v=w5fpnf2htQo

(3) Al respecto, véase Wynton Marsalis, elegido para la gloria”, donde el afamado trompetista deja zanjada la cuestión: afirmar que el jazz ha dejado de ser una música americana es una afirmación tan arrogante que resulta hasta graciosa” (en Chema García Martínez, “Tocar la vida. El músico de jazz: vueltas en torno a una especie en extinción”. Alianza Editorial. Madrid, 2019).

(4) Michelle Mercer, “Footprints: The Life and Work of Wayne Shorter” (Penguin Publishing Group. Nueva York, 2004)

(5) Michelle Mercer, “International Jazz Day: What Did We Really Contribute?” (https://michellemercer.substack.com/p/international-jazz-day-what-did-we)

(6) Esperanza Spalding, véase nota núm. 5

(7) Ben Sidran, “Los espacios entre las notas”. En Chema García Martínez, “Tocar la vida” (véase nota 3)

(8) Me refiero, claro está, a mi libro “Tocar la vida. El músico de jazz: vueltas en torno a una especie en extinción” (véase nota 3).

(9)Ahí está el detalle” (Juan Bustillo Oro. México 1940). Se trata de la primera película como protagonista en la carrera cinematográfica de Mario Moreno “Cantinflas”.

(10) Nando Cruz, periodista musical, a “Club de Jazz”, podcast semanal especializado en jazz y músicas improvisadas creado por el músico y periodista Carlos Pérez Cruz (https://www.elclubdejazz.com/)

(11) Helena Camps, cantora y geóloga, en declaraciones a la página Web “Canción a Quemarropa” (http://www.cancionaquemarropa.es/2023/05/helena-camps-creo-que-el-jazz-puede-llegar-a-todo-el-mundo/#utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=helena-camps-creo-que-el-jazz-puede-llegar-a-todo-el-mundo)

(12) En los comentarios al Día Internacional del Jazz publicados en YouTube, encontrará el lector cumplida muestra de la muy meritoria labor docente desarrollada por las escuelas de música en lugares tan distantes como Nueva Zelanda, Azerbayán o El Cairo/Egipto.

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